READY? STEADY? GO!

Para empezar, se trata de una historia de islas. En un inicio nos referimos sin duda alguna a Jamaica, que con el impulso de su independencia orgullosamente obtenida en 1962, los jamaiquinos adquirieron una música propia, alimentada por el “soul” y el “rhythm & blues” importados de los vecinos americanos, pero reformada para encender las pistas de baile.

Esta música más soleada, más picante, más rítmica, infiltrada por el calipso, finalmente adquirió el nombre de ska. Surgieron grandes talentos como Skatalites, Prince Buster, Laurel Aitken, Desmond Dekker, que dejaron a los adeptos de los sound systems (básicamente, la  mayoría de la población Jamaiquina) de rodillas. Es el momento del nacimiento del rocksteady, basado en las raíces del ska, pero con un tempo lento (de ahí su nombre), más propicio para las canciones de amor, pero siempre guiado por los latidos del gueto: rudeboy un día, rudeboy por siempre…

Surgido en Jamaica, el movimiento contagió inevitablemente la antigua colonia: de una isla a otra, el ska y el rocksteady, encendieron un fuego que envolvió primero a la comunidad de expatriados y poco a poco fue extendiéndose a la clase popular inglesa.

Compañeros de problemas, compañeros de miseria, mejor convertirse en compañeros de fiesta: los proles blancos empezaron a frecuentar los sound systems, los cuales hallaron excelentes e incluso empezaron a pasar detrás de los instrumentos. Este es el segundo aire del movimiento, inmortalizado por su estilo bicolor negro y blanco (“Two Tone”) y por grupos como Madness, The Selecter, The Specials, Bad Manners…

Pues bien, una historia de islas. De regreso  al hemisferio Sur, un poco más al este: La Réunion. Es ahí, donde en 2003, tres sujetos tomaron el relevo, motivados por una pasión común por el ska, el rocksteady y el fútbol. Como resultado, se llamará ROCKSTEADY SPORTING CLUB. Al igual que cualquier equipo que se hace respetar, va a evolucionar, crecer y adaptarse, bajo un esquema táctico, eficaz y bien probado: baterista, bajista, guitarrista, cantante, teclado, trombón, trompetista y dos saxos bien temperados.

Pero el Rocksteady Sporting Club es también (¿o sobretodo?) una historia de ella: Manu, la voz femenina de RSC, una presencia que mantiene en respeto a los rudeboys.

En 2013 el Rocksteady Sporting Club tomó un (relativo) descanso de los escenarios para dedicarse a la escritura de composiciones 100% originales, una tarea mucho más peligrosa de lo que parece dentro de un género extremadamente referenciado y calibrado con precisión.

Mucho trabajo y una buena dosis de autocrítica terminaron por dar fruto a 10 títulos firmados RSC y a una idea un poco loca: editarlos exclusivamente en vinilo, una serie de cinco discos de 45 rpm (e incluso una versión digital para los interesados). El primer paso se dio en abril de 2014 con el lanzamiento de «My Own Queen / Hypnotist Company». Y como el rocksteady, se baila, se vive, el ROCKSTEADY SPORTING CLUB ha retomado de forma muy activa los conciertos con vistas a hacer una gira en Francia en marzo del 2015.